Cuando gobernar se convierte en sinónimo de aplicar planes de ajuste, subidas de impuestos y una retahíla de drásticas medidas económicas que dan un disgusto tras otro a la ciudadanía, cada comparecencia del presidente y sus ministros es casi una prueba de fuego. Vulnerables ante la opinión pública, demasiado humanos en la expresión de Nietzsche, los políticos necesitan casi un máster en comunicación para explicar el sacrificio y encontrar comprensión. El que sigue es un decálogo para políticos que tienen que dar malas noticias, elaborado mano a mano entre los consultores Alfredo Franco, de Redondo y Asociados, y Fran Carrillo, director de La Fábrica de Discursos.